Empiezas a trabajar con 26 años. No tienes una herencia esperando, nadie te adelanta la entrada y tu cuenta de ahorro parte de cero. Quieres una vivienda de 300.000 euros y decides hacer lo que se supone que hay que hacer: ahorrar.
El problema es que la casa también sabe correr. Y lo que vamos a hacer en este artículo es calcular quién de los dos es más rápido.
Empezamos con un sueldo joven
El salario medio bruto de los trabajadores españoles de 25 a 34 años fue de 2.131,60 euros mensuales en 2024, según el INE.
Para simplificar la simulación estimamos que ese sueldo deja unos 1.700 euros netos al mes y que nuestro comprador decide guardar el 30% de ese dinero (recomendación del Banco de España) exclusivamente para su futura vivienda. Son unos 510 euros al mes al comienzo, algo más de 6.000 euros durante el primer año.
Una casa de 300.000 euros
Su objetivo cuesta 300.000 euros. Suponemos que el banco financia el 80%, por lo que necesita reunir inicialmente 60.000 euros para la entrada.
Hasta aquí parece cuestión de paciencia. Si todo se quedara quieto, tarde o temprano llegaría. Pero en nuestro experimento nada se queda quieto.
Su salario aumenta un 2,5% anual. Es una hipótesis prudente, el salario bruto anual medio aumentó un 3,1% en España en 2025, pero sabemos que no es habitual que todas las empresas apliquen la subida de forma anual.
Al precio de la vivienda le aplicamos una subida constante del 5,5% anual, estimación bastante optimista a día de hoy ya que el INE llegó a registrar una subida interanual del 12,2% en el segundo trimestre de 2026.
A los 30 has ahorrado, pero la entrada también
Después de cuatro años, nuestro comprador habría acumulado alrededor de 25.400 euros.
Mientras tanto, la vivienda habría pasado de 300.000 a unos 371.600 euros. Su entrada ya no sería de 60.000, sino de unos 74.300 euros.
Ha conseguido ahorrar más de 25.000 euros y todavía le faltan cerca de 49.000. La meta también se ha puesto a ahorrar, solo que en su contra.
A los 40 sigue persiguiéndola
Catorce años después de empezar, el ahorro acumulado rondaría los 101.000 euros, pero la entrada necesaria habría crecido hasta casi 127.000 euros. Sigue faltando dinero, aunque nuestro comprador no ha dejado de reservar el 30% de su sueldo y ese sueldo ha seguido creciendo cada año.
La distancia continúa reduciéndose durante un tiempo. Alrededor de los 48 años llega a estar a poco más de 18.000 euros de alcanzar la entrada.
Después ocurre la parte curiosa: deja de acercarse.
En torno a los 51 años habría reunido aproximadamente el 91% de la entrada necesaria. Es el momento en el que proporcionalmente está más cerca de comprar, pero no llega a cruzar la línea. Desde ahí, la vivienda empieza a alejarse de nuevo porque su precio crece persistentemente más rápido que el salario que alimenta los ahorros.
Entonces, ¿a qué edad puede comprar?
Nunca.
Al menos, nunca dentro de las reglas de este experimento.
No significa que una persona real no vaya a comprar una vivienda ni que los pisos vayan a subir un 5,5% cada año eternamente. Significa algo más concreto: si empiezas sin patrimonio, ahorras el 30% de tus ingresos y la vivienda se encarece de forma sostenida bastante más rápido que tu salario, puede darse una situación matemática en la que nunca alcances siquiera la entrada.