Hay modas lingüísticas que llegan sin avisar. De repente, alguien descubre que una palabra cotidiana contiene las letras adecuadas, las pone en mayúscula y nace una empresa tecnológica. HostelerIA. EnergIA. FotografIA. ConsultorIA. TuristIA. El truco es sencillo, barato y, sobre todo, inmediatamente reconocible: esas dos letras finales ya no parecen una terminación cualquiera, sino una declaración de intenciones.
La explosión de la inteligencia artificial ha convertido IA en dos de las letras comercialmente más codiciadas del alfabeto. Startups, aplicaciones, consultoras y nuevos productos las utilizan para explicar de un vistazo que detrás hay —o al menos debería haber— algún algoritmo haciendo cosas sofisticadas.
No hace falta plantearnos ninguna pregunta. Estamos cansados, y no hemos ni empezado.
Porque si el procedimiento consiste en buscar una palabra que ya tenga una I y una A convenientemente colocadas y transformarlas visualmente en «IA», quizá podamos medir hasta qué punto el propio español está alimentando esta moda.
Y la primera respuesta no es precisamente tranquilizadora.
Casi 5.000 palabras entran en el juego
Tomando como referencia un repertorio normativo de aproximadamente 92.500 voces del español y buscando aquellas en las que aparece la combinación «ia», obtenemos 4.973 coincidencias.
Eso equivale aproximadamente al 5,4 % del vocabulario contenido en ese listado. O, expresado de otra manera: alrededor de una de cada 19 palabras tiene una combinación IA en algún punto de su interior.
La reserva inicial parece enorme.
Ahí aparecen palabras tan aprovechables como historia, industria, experiencia, agencia, justicia, conciencia, presencia o influencia, además de miles de términos bastante menos prometedores para bautizar una startup. Un corpus mucho mayor confirma precisamente que muchas de esas palabras están además entre las formas con «ia» más utilizadas del idioma.
Pero meterlas todas en el mismo saco sería hacer trampas. No todas las «ia» suenan igual.
Y para el recurso comercial que estamos estudiando, esa diferencia importa mucho.
No todas las IA tienen el mismo poder
Comparemos dos palabras: HistorIA y EnergÍA.
En historia, la I y la A forman parte de la misma sílaba final. Podemos resaltarlas gráficamente y fabricar historIA, pero el oído sigue escuchando la palabra de siempre.
En energía sucede algo distinto. La I es la vocal tónica y las dos vocales se pronuncian separadamente: ener-gí-a. En términos lingüísticos, estamos ante una vocal cerrada tónica seguida de una vocal abierta, una combinación que forma un hiato.
Dicho sin clase de Lengua de por medio: la I se oye mucho más.
Y eso hace que palabras como energÍA, tecnologÍA o economÍA parezcan especialmente preparadas para sufrir la transformación: energIA, tecnologIA, economIA.
Aquí el juego con «inteligencia artificial» resulta mucho más directo. No depende solamente de encontrar dos letras consecutivas: la propia pronunciación hace que esa I tenga protagonismo.
Así que decidimos endurecer el filtro. Si dentro del mismo tipo de repertorio buscamos específicamente las formas acabadas en -ía, la reserva se reduce hasta aproximadamente 2.113 candidatos.
Es una reducción considerable, pero sigue siendo una cantidad enorme. Estamos hablando de aproximadamente una de cada 44 palabras del repertorio.
Y, visto desde el universo inicial, significa que una parte sorprendentemente grande de los candidatos dispone de esa terminación especialmente favorable para jugar con las siglas de inteligencia artificial.
Sin embargo, todavía hay que poner otro freno.
Entre esas formas no encontramos únicamente sustantivos tan apetecibles comercialmente como energía, tecnología, hostelería o consultoría. También aparecen formas verbales como había, podría, tenía, sería, hacía o debería.
Es decir, el español tiene muchísimas más posibilidades gráficas de las que realmente serían razonables como marca. Probablemente nadie está esperando con impaciencia el lanzamiento de DeberIA, la plataforma que utiliza inteligencia artificial para recordar todo aquello que llevas tres semanas posponiendo.
Aunque tampoco conviene dar ideas.
Y las empresas ya han descubierto el truco
Hasta aquí podríamos estar analizando simplemente una curiosidad lingüística. El salto interesante se produce cuando miramos registros comerciales reales.
Un estudio realizado sobre 71.115 solicitudes de marca con vinculación española presentadas durante 2025 buscó denominaciones relacionadas explícita o implícitamente con inteligencia artificial y encontró 272 solicitudes.
No se trata de 272 empresas tecnológicas elegidas arbitrariamente, sino de denominaciones en las que la referencia a la inteligencia artificial formaba parte de la propia marca estudiada. El análisis fue realizado sobre solicitudes presentadas ante los registros español y europeo durante 2025.
Y al clasificar cómo aparecía la inteligencia artificial dentro de esos nombres ocurrió algo todavía más revelador.
De las 272 marcas identificadas, 120 utilizaban la expresión inglesa AI; 88 incorporaban IA como término independiente; 19 colocaban IA como prefijo y nada menos que 45 integraban fonéticamente IA al final de la palabra.
Es exactamente el fenómeno que estamos investigando.
El informe recoge ejemplos tan explícitos como:
hostelerIA
o:
TuristIA
En total, esas 45 denominaciones representan el 16,5 % de todas las marcas relacionadas con inteligencia artificial detectadas por el estudio.
Dicho de una forma más fácil de recordar:
aproximadamente una de cada seis marcas de IA analizadas ya utilizaba el truco de incrustar las siglas dentro del propio nombre.