Ciencia

¿Cuánto pesa una nube?

Parecen ligeras, casi ingrávidas, pero basta mirar qué hay realmente dentro de una nube para descubrir que el cielo engaña bastante bien.

¿Cuánto pesa una nube?

Parecen ligeras, casi ingrávidas, pero basta mirar qué hay realmente dentro de una nube para descubrir que el cielo engaña bastante bien.

Hace años, un anuncio consiguió que gran parte de la población se planteara aquello de “¿a qué huelen las nubes?”. La pregunta tenía su gracia porque, siendo sinceros, las nubes parecen pertenecer a esa categoría de cosas que están ahí arriba y sobre las que rara vez necesitamos saber demasiado.

Podemos preguntarnos a qué huelen, qué forma tienen o por qué algunas parecen un conejo y cinco minutos después una tostadora. Pero hay otra característica bastante menos evidente: su peso.

Porque una nube parece ligera. Flota, se deforma con facilidad y atraviesa el cielo con una tranquilidad que no transmite precisamente sensación de tonelaje. Sin embargo, está formada por una enorme cantidad de pequeñas gotas de agua y, dependiendo de la temperatura, también por cristales de hielo. El National Weather Service estadounidense explica que las nubes están formadas por diminutas gotas de agua o partículas de hielo suspendidas en la atmósfera.

Y el agua pesa.

Así que vamos a intentar poner una de esas nubes blancas sobre una báscula imaginaria y descubrir cuántos kilos puede esconder algo que, visto desde abajo, parece prácticamente no pesar nada.

¿Qué nube vamos a pesar?

Aquí aparece el primer problema: no existe una “nube estándar”. Preguntar cuánto pesa una nube es un poco como preguntar cuánto pesa una casa. Depende del tamaño y del tipo.

Para no hacer trampas, utilizaremos el mismo ejemplo empleado por el U.S. Geological Survey (USGS) para explicar esta curiosidad: un cúmulo de aproximadamente 1 kilómetro cúbico de volumen. Es una de esas nubes blancas, abultadas y bastante fotogénicas que cualquiera identificaría como “una nube” sin necesidad de haber estudiado meteorología.

Ahora necesitamos saber cuánta agua hay dentro.

El ejemplo utilizado por el USGS toma una concentración aproximada de 0,5 gramos de agua líquida por cada metro cúbico de nube.

Medio gramo parece prácticamente nada. El problema es que nuestra nube mide un kilómetro cúbico, y un kilómetro cúbico contiene mil millones de metros cúbicos.

Así que solo tenemos que multiplicar y la cuenta es muy sencilla:

1.000.000.000m3×0,5g/m3=500.000.000gramos=500toneladas1.000.000.000 m³ × 0,5 g/m³ = 500.000.000 gramos = 500 toneladas

Así que ya tenemos respuesta. Medio millón de kilos, ahí arriba y con aspecto de algodón de azúcar.

Cuando decimos que la nube “pesa 500 toneladas” estamos utilizando peso en el sentido cotidiano. Técnicamente estamos calculando la masa del agua condensada que contiene.

¿Cómo pueden 500 toneladas quedarse flotando?

Esta es la parte que hace que el resultado parezca imposible. La respuesta es que esas 500 toneladas no están juntas.

El medio millón de kilos de agua está repartido en un volumen gigantesco de aire y dividido en una cantidad enorme de gotas microscópicas.

Según el National Weather Service, las gotas de una nube suelen tener radios de alrededor de 20 micrómetros o menos. Son tan pequeñas que la resistencia del aire frena muchísimo su caída.

Y el aire dentro de una nube no suele estar precisamente inmóvil. Las corrientes ascendentes pueden mover el aire hacia arriba con suficiente velocidad como para mantener esas minúsculas gotas suspendidas durante mucho tiempo. Por eso una nube de cientos de toneladas puede permanecer aparentemente tranquila sobre nuestras cabezas.

¿Y cuándo deja de flotar?

Cuando las gotas empiezan a crecer. Dentro de una nube pueden chocar y unirse unas con otras. A medida que aumentan de tamaño, también aumenta su velocidad de caída.

Llega un momento en el que ya son demasiado grandes para permanecer suspendidas. Y entonces esas cientos de toneladas empiezan a bajar.

A ese fenómeno solemos llamarlo, con bastante menos dramatismo: lluvia.

Una gota de lluvia de unos 2 milímetros puede contener el equivalente en agua de alrededor de un millón de pequeñas gotas de nube de 0,02 milímetros, según el National Weather Service.

La nube no deja repentinamente de pesar. Simplemente parte de su agua ha conseguido formar gotas suficientemente grandes como para caer.

Conclusión

Al final, una nube que desde el suelo parece poco más que algodón puede contener alrededor de 500 toneladas de agua en nuestro cúmulo de referencia. Lo más curioso no es solo el número, sino que ese medio millón de kilos puede permanecer suspendido gracias a que está repartido entre una cantidad enorme de gotas microscópicas y una masa gigantesca de aire en movimiento. Así que quizá sigamos sin saber a qué huelen las nubes, pero al menos ya sabemos que ligeras, precisamente, no son.