¿Quién no ha estado en una boda, una cena de empresa o un networking en el que de repente todo el mundo parece crítico enológico? El vino, por tradición y etiqueta social, invita a opinar. Y opinar con seguridad —aunque no se tenga— es una tentación frecuente: por presión de grupo, por deseo de encajar o simplemente por juego social.
En este contexto, en Statemia nos hemos planteado responder a una pregunta tan divertida como compleja: ¿Cuántas personas hablan del vino con más seguridad que conocimiento real?
Se trata de escenas cotidianas en cualquier reunión: alguien exagera su vocabulario enológico, otro se muestra rotundo sin tenerlo del todo claro y no falta quien asiente o añade un comentario para no quedarse fuera de la conversación. Seguro que has visto o participado más de una vez en éste tipo de situaciones.
¿Qué nos dicen los datos?
Después de plantear la pregunta, llega el momento de mirar qué dicen los datos. Una primera referencia útil procede de estudios realizados en el Reino Unido. En uno de ellos, con 2.001 participantes, casi la mitad (45%) admitió exagerar o incluso mentir sobre su conocimiento de vino en la mesa, un reflejo de la presión social que a menudo acompaña a la conversación enológica.
En otra, citada por The Drinks Business, alrededor del 22% de los encuestados reconocía que a veces “finge saber más” sobre vino. En conjunto, ambos estudios señalan un rango internacional que oscila entre el 22% y el 45%, una horquilla que ayuda a dimensionar la magnitud del fenómeno.
La ciencia aporta contexto a por qué el fenómeno es tan común. Experimentos de neuroimagen ya demostraron que el precio declarado puede modular el placer que sentimos al beber: cuando creemos que un vino es más caro, nuestro cerebro anticipa una experiencia de mayor calidad y activa los circuitos de recompensa asociados al valor y al disfrute. Esa expectativa positiva hace que efectivamente lo saboreemos más y se incremente la actividad en la corteza orbitofrontal media (mOFC), incluso aunque el líquido en la copa sea idéntico.
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Las catas a ciegas también matizan la seguridad con la que opinamos. Un estudio que recopila más de 6.000 catas observó que el precio se correlaciona débilmente con el disfrute de los consumidores no expertos, donde el precio declarado activa más placer en el cerebro aunque el vino sea idéntico haciendo que tanto el coste como la etiqueta sesgan la percepción del consumidor.
El efecto Dunning-Kruger
La psicología del consumidor añade una pieza clave para entender por qué tantas personas hablan del vino con más seguridad de la que realmente tienen. Se trata del conocido efecto Dunning–Kruger, un sesgo cognitivo ampliamente documentado según el cual las personas con bajo nivel de conocimiento en un área tienden a sobrestimar sus habilidades, mientras que quienes poseen un conocimiento más profundo suelen, paradójicamente, subestimarlo.
Trasladado al universo enológico, este fenómeno se traduce en escenas familiares: el aficionado casual que apenas distingue entre un crianza y un reserva puede hablar con una convicción absoluta, mientras que el sumiller o experto, consciente de la complejidad del vino, matiza sus palabras y reconoce matices o incertidumbres. La literatura científica ha señalado que este patrón se repite en distintos mercados y contextos culturales, lo que refuerza la idea de que no se trata de un rasgo particular de un país, sino de una tendencia humana universal.
El resultado es un efecto inflacionario en la conversación: los de menor conocimiento no solo participan, sino que lo hacen con una confianza desproporcionada. Esto incrementa la percepción de que abundan los “sabelotodos” circunstanciales, cuando en realidad lo que estamos observando es un sesgo cognitivo bien estudiado que magnifica las voces menos informadas y hace que, en determinados entornos sociales, parezca que todo el mundo es entendido en vino.
Estimación en España
Hagamos ahora un cálculo para nuestro país que muestre, con números en la mano, cuántas personas podrían encontrarse en esta situación. Para ello partimos de los datos que conocemos sobre consumidores frecuentes de vino con el carácter eminentemente social de su consumo y aplicamos la tasa de sobreconfianza que nos ofrecen los estudios revisados.
El primer filtro consiste en identificar a las personas que tienen un contacto habitual con el vino. Según un estudio de la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE), el 32,6% de los españoles consume vino al menos una vez por semana.
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Tomando como referencia la población española, podemos obtener que en nuestro país hay unos 15,8 millones de consumidores frecuentes de vino.
Sin embargo, esto no implica necesariamente hablar sobre sus bondades, olores o cualidades, principalmente porque (a no ser que el efecto de su consumo sea muy notorio) se necesita de compañía para poder mantener una conversación. Por ello incorporamos un segundo dato proporcionado también por la OIVE: el 93% de los consumidores de vino afirma que prefiere tomarlo en compañía.
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Este dato refleja que el vino es una bebida profundamente asociada a reuniones familiares, comidas con amigos, celebraciones, cenas de empresa o encuentros sociales. Es precisamente en estos contextos donde aparecen las conversaciones sobre variedades, denominaciones de origen, aromas o maridajes.
Al aplicar este segundo filtro obtenemos una población de aproximadamente 14,7 millones de personas que consumen vino de forma habitual y, además, lo hacen principalmente en compañía. En otras palabras, son las personas con mayor probabilidad de verse inmersas en conversaciones sobre vino.
Analizando los estudios comentados en este artículo de Harpers y The Drinks Business podemos estimar que aproximadamente 3 de cada 10 personas podrían mostrar un exceso de confianza al hablar sobre vino en un entorno social.
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Aplicando esa proporción sobre los 14,7 millones de personas expuestas habitualmente a conversaciones sobre vino obtenemos el resultado final. Más de 4 millones de españoles podrían mostrar exceso de confianza al hablar de vino, un fenómeno que equivale a unos tres de cada diez asistentes habituales a reuniones donde la copa es protagonista.
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