Las líneas M2M (machine to machine) marcaron el inicio de una nueva era en la comunicación entre dispositivos. En sus orígenes, ya presentes en la telemetría industrial y de servicios, el intercambio de datos se reducía a pequeños paquetes enviados mediante redes 2G o 3G. Con los avances recientes del Internet de las Cosas (IoT), estándares como LTE-M y NB-IoT han abierto la puerta a volúmenes de información cada vez más grandes y a una eficiencia energética optimizada.
Hoy, el crecimiento de estas conexiones se ha vuelto exponencial y abarca sectores tan diversos como la salud, la automoción y las ciudades inteligentes. Hace apenas unos años, en 2020, se estimaban 8,9 mil millones de conexiones M2M en todo el mundo. {{fact:B1}}Impulsado por la digitalización global, este número no ha parado de aumentar. Para 2025, se esperan 15 mil millones de conexiones, reflejando un salto de 6,1 mil millones en apenas un lustro. {{fact:B2}}Hablamos de un crecimiento cercano al 68,54% en ese periodo, una cifra que ilustra la acelerada expansión de la infraestructura M2M. {{fact:B5}}De cara a 2030, el escenario proyectado roza los 20 mil millones de conexiones, con un incremento adicional de 5 mil millones respecto a 2025, un 33,33% más en apenas cinco años. {{fact:B3}}Detrás de estas macrocifras se esconde la creciente necesidad de dispositivos libres de intervención humana, integrados en estrategias de ‘edge computing’ y preparados para procesar datos de forma continua y segura. Sectores tradicionales y emergentes, desde la agricultura inteligente hasta la monitorización del tráfico, seguirán demandando redes M2M robustas y escalables, prolongando esta curva de crecimiento imparable.