Ciencia

La gran evaporación: miles de millones de litros de agua evaporados de las piscinas en España

Durante el verano, las piscinas de España pierden una cantidad extraordinaria de agua por evaporación.

La gran evaporación: miles de millones de litros de agua evaporados de las piscinas en España

En España, el verano tiene un escenario propio: terrazas llenas, carreteras hacia la costa y, cómo no, piscinas. Desde los jardines de chalés en la periferia hasta las urbanizaciones con zonas comunes, el país se ha convertido en un auténtico paraíso acuático. Lo que no siempre se cuenta es que, además de refrescar, las piscinas funcionan como un gigantesco mecanismo de evaporación.

El fenómeno no es nuevo: la relación de España con las piscinas se intensificó en los años 70 y 80, con la expansión de las urbanizaciones y el auge del turismo residencial. A partir de entonces, tener una piscina dejó de ser un lujo exclusivo de hoteles y balnearios para convertirse en un elemento aspiracional de la clase media. Hoy, según datos de la Asociación Española de Profesionales del Sector Piscinas (ASOFAP), recogidos por Cinco Días / El País hay en el país más de 1,3 millones de piscinas, una cifra que sitúa a España entre las naciones europeas con mayor densidad de láminas de agua privadas.
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Las más abundantes son, con diferencia, las piscinas privadas, ubicadas en chalés y viviendas unifamiliares. Representan alrededor del 90% del total y suelen tener dimensiones contenidas: formatos de 8 × 4 metros o 10 × 5 metros, lo que deja una superficie media en torno a los 32 m². Son el arquetipo de la piscina “doméstica”, pensada para refrescarse más que para nadar largos.

En segundo lugar están las piscinas comunitarias y de hotel, que concentran aproximadamente un 9% del parque. Suelen responder a necesidades colectivas de ocio y turismo, y presentan vasos de mayor tamaño, en torno a los 150 m² de superficie. Son las que encontramos en urbanizaciones con zonas comunes, campings o complejos turísticos.

Por último, un pequeño 1% corresponde a piscinas públicas y deportivas. Aquí entran las semiolímpicas de 25 × 12,5 metros, con unos 312 m² de lámina de agua, o las olímpicas de 50 × 25 metros, que son menos frecuentes pero emblemáticas en polideportivos y centros de alto rendimiento.
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Si ponderamos estas proporciones y superficies, el resultado es revelador: la superficie media de una piscina en España se sitúa en torno a 45 m². Multiplicado por el conjunto de instalaciones, la huella horizontal supera los 59 millones de metros cuadrados de agua. Dicho de otra manera: en verano, España despliega sobre su territorio una lámina azul equivalente a 59 km², casi lo mismo que toda la superficie de una ciudad como A Coruña.
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La ciencia detrás de la evaporación

El agua se evapora porque sus moléculas, al absorber energía del calor (como la radiación solar o la temperatura del aire), se agitan cada vez más rápido. Algunas alcanzan la energía suficiente para romper las fuerzas que las mantienen unidas en estado líquido y logran escapar como vapor de agua, que se dispersa en la atmósfera.

Este proceso ocurre a cualquier temperatura, no solo cuando el agua hierve. Incluso en un día templado, siempre hay moléculas fugándose al aire. Dicho de otra forma: la evaporación nunca se detiene, aunque sí cambia de velocidad.
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Que el agua se evapore es inevitable, pero la intensidad depende de tres factores clave:
• El calor: cuanto más alta es la temperatura del agua o del aire, más moléculas consiguen escapar.
• La humedad del aire: si el ambiente ya está cargado de vapor, la fuga se ralentiza; si el aire está seco, se acelera.
• El viento: actúa como una escoba invisible, arrastrando el vapor que se acumula sobre la superficie y dejando espacio libre para que nuevas moléculas se evaporen.

Para estimar la evaporación, se utilizan fórmulas físicas como la de Dalton o la llamada bulk transfer. Ambas se basan en un mismo principio: medir la diferencia de vapor entre el agua y el aire y ver cómo influyen la temperatura, la humedad y el viento.

Para hacer un cálculo más realista de la evaporación en España no basta con multiplicar piscinas por litros: el clima no es igual en todo el país. Un verano en Galicia, fresco y húmedo, no se parece al de Murcia o Valencia, mucho más cálido y soleado. Por eso dividimos el mapa en tres grandes “Españas veraniegas”:

La húmeda, que corresponde al norte atlántico, donde las temperaturas son moderadas y el aire suele estar muy próximo a la saturación. Aquí el agua se evapora más despacio, con pérdidas medias de unos 6 litros por metro cuadrado y día.

La templada, en el interior y las mesetas, con veranos calurosos pero menos extremos que en la costa mediterránea. En estas condiciones, la evaporación ronda los 12 litros por metro cuadrado y día.

La seca y calurosa, que incluye la franja mediterránea, el sur y las islas. Aunque allí la sensación sea de “humedad pegajosa”, el aire caliente aún tiene una enorme capacidad de absorber vapor. Esa diferencia hace que la evaporación sea mayor, con pérdidas de unos 20 litros por metro cuadrado y día.
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Para que el resultado represente al conjunto del país, damos a cada franja un peso aproximado en función de dónde se concentran más piscinas: un 25 % en la España húmeda, un 45 % en la templada y un 30 % en la seca. Al aplicar estos valores y combinarlos con la superficie total de piscinas, obtenemos una media nacional ponderada de unos 13 litros por metro cuadrado y día por cada metro cuadrado de superficie, lo que equivale a 13 milímetros de descenso en la lámina de agua.
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Multiplicado por toda la superficie de piscinas del país, equivale a unos 760 millones de litros diarios que se esfuman en forma de vapor.
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Si estiramos ese cálculo a lo largo de los 92 días que dura el verano, el resultado es colosal: alrededor de 70.000 millones de litros de agua desaparecen cada temporada estival en España.
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Una cifra difícil de imaginar que equivale a más de 28.000 piscinas olímpicas que se desvanecen en el aire.

Conclusión

La piscina es, sin duda, uno de los símbolos del verano en España: refresca, reúne a familias y amigos, y da forma a un estilo de vida que muchos asocian con vacaciones y descanso. Pero detrás de ese azul brillante se esconde un fenómeno silencioso que convierte al país en un enorme evaporador estacional. Cada chapuzón contribuye a una pérdida invisible que, sumada en todo el territorio, se traduce en decenas de miles de millones de litros de agua que se desvanecen en el aire cada año.

La “gran evaporación” no pretende aguar la fiesta del verano, sino recordarnos que hasta los gestos más cotidianos tienen un impacto colectivo. Y que, en un contexto de creciente preocupación por la sequía, quizá cubrir una piscina o buscar soluciones más eficientes no sea solo una cuestión de ahorro, sino también de responsabilidad compartida.