Hay debates que uno espera encontrar en los libros de historia y otros que, contra todo pronóstico, siguen perfectamente vivos en internet. El terraplanismo pertenece a esa segunda categoría: una teoría que ha sobrevivido a siglos de astronomía, viajes alrededor del mundo, satélites, fotografías desde el espacio y a una cantidad bastante generosa de evidencias en contra. Y, aun así, aquí estamos.
En pleno 2026, el terraplanismo sigue teniendo una presencia bastante mayor de la que cabría esperar para una discusión que parecía resuelta hace más de dos mil años. En España, el último Estudio sobre Cultura Científica de la Fundación BBVA concluye que un 5% considera verdadera o probablemente verdadera la afirmación de que la Tierra es plana. En Brasil, una encuesta de Datafolha situó la cifra en el 7%, unos 11 millones de personas en aquel momento. Y en Estados Unidos, YouGov encontró un 2% de adultos que afirmaba haber creído siempre que la Tierra era plana.
Las preguntas, fechas y metodologías no son iguales, así que sería incorrecto mezclarlas para fabricar un porcentaje mundial. Lo que sí permiten afirmar es que el terraplanismo todavía se cuenta por millones.
Y dentro de unos días nuestro planeta volverá a ofrecer una demostración bastante incómoda para esta teoría. No hará falta subir a un cohete, confiar en una fotografía espacial ni discutir durante tres horas en los comentarios de YouTube.
Bastará con mirar hacia la Luna.
La sombra sobre la Luna
Durante la noche del 27 al 28 de agosto de 2026, según la zona horaria, tendrá lugar un eclipse lunar parcial visible desde las Américas, Europa occidental y África occidental. Un eclipse lunar ocurre cuando la Tierra se sitúa entre el Sol y la Luna y nuestro planeta proyecta su sombra sobre ella.
Según NASA, en el momento de máximo eclipse, alrededor de las 04:13 UTC, el 96,3% del disco lunar estará dentro de la umbra terrestre, la zona central de nuestra sombra en la que la Tierra bloquea directamente el Sol.
Durante unos minutos estaremos viendo, literalmente, nuestra propia silueta proyectada sobre otro mundo. Para darle tamaño a esa imagen necesitamos conocer primero las dimensiones de la Luna. NASA utiliza un radio lunar de referencia de aproximadamente 1.737,4 kilómetros.
Si tratamos lo que observamos desde la Tierra como un disco circular, su superficie proyectada es:
Teniendo en cuenta que el 96,3% de ese disco estará dentro de la umbra durante el máximo del eclipse, la zona que veremos oscurecida desde la Tierra ocuparía unos 9,13 millones de kilómetros cuadrados.
Es importante precisar qué estamos midiendo: no son 9,13 millones de kilómetros cuadrados de superficie esférica lunar, sino el área del disco lunar proyectado que vemos desde la Tierra.
Para ponerlo en una unidad científicamente menos respetable pero bastante más visual, la superficie cubierta por nuestra sombra equivaldría así a aproximadamente 1.279 millones de campos de fútbol.
Una sombra bastante difícil de perder de vista.
El pequeño problema de hacer plana la Tierra
Aquí aparece la parte incómoda para el terraplanismo. Una Tierra plana sí podría proyectar una sombra circular… pero solo si el supuesto disco terrestre estuviera perfectamente colocado frente al Sol, como quien encuentra su ángulo bueno para una foto.
El problema empieza en cuanto lo giramos. La sombra dejaría de ser un círculo perfecto y comenzaría a aplastarse hasta convertirse en una elipse. Y ahí la teoría terraplanista necesita bastante más maquillaje geométrico del que suele admitir.
Una esfera tiene una costumbre mucho menos emocionante: la gires como la gires, su silueta continúa siendo circular.
Y esa observación no es precisamente nueva. NASA recoge cómo Aristóteles, en el siglo IV a. C., utilizó la forma curva de la sombra terrestre observada durante diferentes eclipses lunares como una de las evidencias de que la Tierra era esférica. Si nuestro planeta fuera un disco, mantener una sombra circular desde distintas orientaciones exigiría una geometría muy poco probable, por no decir imposible.