Ciencia

Quizá tienes peor memoria que un pez

Algunos peces conservan información durante meses: los famosos tres segundos parecen ser un insulto bastante injusto.

Quizá tienes peor memoria que un pez

Has entrado en la cocina y no sabes para qué. Te quedas quieto unos segundos. Miras la nevera. Miras la encimera. Intentas reconstruir mentalmente los últimos treinta segundos de tu existencia. Nada.

Vuelves al salón. Y entonces lo recuerdas.

Mientras tanto, bajo el agua, hay peces capaces de conservar durante meses información que aprendieron una sola vez.

Puede que haya llegado el momento de revisar uno de los insultos más injustos del idioma: “memoria de pez”.

Porque la ciencia lleva décadas acumulando evidencias de que, al menos en algunas especies, la memoria de los peces puede durar semanas, meses e incluso acercarse al año. Y no se limita a recordar dónde aparece la comida: pueden aprender rutas de escape, asociar estímulos con experiencias desagradables, distinguir imágenes de caras humanas y conservar información espacial.

Tal vez eso de tener memoria de pez no sea un insulto para nosotros, sino para los peces.

Los famosos tres segundos

La creencia popular asegura que un pez, especialmente un pez dorado, olvida lo sucedido apenas tres segundos después. Es una idea formidable. También es una idea para la que no encontramos una base científica sólida.

La literatura sobre cognición de peces describe capacidades de aprendizaje, navegación espacial, toma de decisiones, reconocimiento social y memoria que difícilmente podrían existir en un animal que reiniciase mentalmente su existencia cada tres segundos. Una revisión publicada en Animal Cognition en 2021 señala que la investigación realizada durante las últimas décadas ha documentado una variedad considerable de capacidades cognitivas en peces.

La misma revisión obliga, sin embargo, a introducir una precaución importante: existen decenas de miles de especies de peces y no tiene sentido atribuirles a todas exactamente las mismas capacidades.

Por eso aquí tampoco vamos a intentar averiguar cuánto dura “la memoria de los peces”. Esa cifra no existe.

Lo que sí podemos hacer es acudir a experimentos concretos y preguntarnos cuánto tiempo ha sido capaz una determinada especie de conservar una determinada información.

Y ahí los tres segundos empiezan a tener un problema.

Un pez al que no engañaron dos veces

En 2015, investigadores capturaron peces limpiadores de la especie Labroides dimidiatus en un arrecife utilizando una red de barrera. Los animales fueron empleados en experimentos y después devueltos a su hábitat.

Hasta aquí, una jornada bastante desagradable para ser pez. Lo interesante ocurrió once meses después.

Los investigadores regresaron al mismo arrecife y colocaron de nuevo la red. Alrededor de la mitad de los peces limpiadores observados en aquel lugar reaccionaron de una manera muy poco habitual: se escondieron. En tres zonas de control, donde los peces no habían sufrido aquella experiencia durante los dos años anteriores, la reacción no apareció del mismo modo.

Los autores fueron prudentes. El trabajo habla de evidencia correlacional, ya que no pudieron identificar individualmente a cada pez participante en la experiencia anterior. No podemos afirmar que cada uno estuviera recordando conscientemente aquella captura, pero la reacción observada casi un año después resulta difícil de encajar con un animal condenado a olvidar cada tres segundos.

Once meses, no tres segundos.

De once meses a casi 29 millones de segundos

Para visualizar la distancia entre el mito y lo observado, necesitamos convertir esos once meses en una unidad comparable.

No todos los meses duran lo mismo, así que utilizaremos 334 días como aproximación editorial a once meses. No es un dato del experimento, sino una conversión operativa para realizar nuestra comparación.

Al trasladarlo a segundos obtenemos una cifra considerable: 334 días multiplicados por 24 horas, 60 minutos y otros 60 segundos dan 28.857.600 segundos.

Ahora necesitamos el otro extremo de la comparación. Los tres segundos no proceden de un experimento científico que haya medido la memoria de un pez. Son precisamente el mito popular que estamos poniendo a prueba, por lo que los utilizamos únicamente como referencia editorial.

La división es sencilla: 28.857.600 segundos entre los tres segundos de la leyenda.

El resultado es 9.619.200.

Una retención observada a once meses se sitúa, por tanto, en una escala temporal aproximadamente 9,6 millones de veces mayor que la supuesta memoria de tres segundos.

Eso no significa que todos los peces recuerden todo durante once meses. Ni siquiera significa que un pez limpiador recuerde cualquier información durante ese periodo. Estamos comparando una retención detectada en una situación concreta con una afirmación popular que atribuye tres segundos de memoria a todo un grupo de animales.

Aun con todas esas precauciones, la diferencia deja al mito bastante maltrecho.

Además, el pez limpiador no está solo. La literatura científica recoge experimentos en varias especies en los que la información aprendida vuelve a influir en el comportamiento semanas o meses después. En Melanotaenia duboulayi, por ejemplo, se ha descrito retención a largo plazo de una estrategia para escapar de un dispositivo que simulaba una red de arrastre.

El problema de los tres segundos empieza a parecer bastante serio.

El pez que podría distinguirte entre decenas de personas

Recordar durante meses no es la única capacidad que complica la caricatura.

En 2016, investigadores de las universidades de Oxford y Queensland comprobaron si el pez arquero, Toxotes chatareus, podía aprender a distinguir fotografías de caras humanas.

La elección del animal tenía una ventaja práctica bastante peculiar: el pez arquero caza insectos situados fuera del agua disparándoles pequeños chorros con la boca. En el experimento, esa habilidad se convirtió en una forma muy clara de responder. Al animal se le enseñaban fotografías y debía disparar hacia la cara correcta para obtener una recompensa.

Los peces aprendieron la tarea.

Después llegó la parte realmente interesante. En uno de los experimentos, la cara aprendida apareció entre 44 imágenes de caras que los peces no habían visto anteriormente.

Los investigadores complicaron después la prueba eliminando posibles atajos visuales. Las imágenes se mostraron en escala de grises, se normalizó el brillo y se ocultaron elementos externos de la cabeza para dificultar que el animal utilizase simplemente una pista evidente.

Incluso así, los peces siguieron discriminando las imágenes con una precisión claramente superior al azar. Dependiendo de la fase experimental, los mejores resultados se situaron aproximadamente entre el 77% y el 89%.

Hay que mantener los pies en tierra firme, aunque estemos hablando de peces. La muestra experimental era pequeña y el estudio demuestra discriminación aprendida de imágenes faciales, no que el animal comprenda la identidad de una persona exactamente como nosotros.

Pero el resultado sigue siendo delicioso: un pez puede aprender a distinguir una cara humana entre decenas de alternativas. Tú, sin embargo, puedes llevar tres años cruzándote con el mismo vecino en el ascensor y seguir sin estar completamente seguro de cómo se llama.

Lo segundo, obviamente, no constituye un experimento científico. Pero tampoco ayuda demasiado a nuestra reputación.

No solo recuerdan: recuerdan qué ocurrió y dónde

Otro golpe al estereotipo llegó desde el pez cebra, Danio rerio.

Investigadores han encontrado evidencias de lo que en cognición animal se denomina memoria episódica-like.

El “-like” es importante. No podemos preguntarle a un pez si revive subjetivamente un recuerdo del mismo modo que una persona. Por eso los científicos utilizan tareas conductuales para comprobar si el animal integra diferentes componentes de un acontecimiento pasado.

En experimentos con pez cebra se ha observado capacidad para combinar información relacionada con qué habían encontrado, dónde se encontraba y el contexto en el que había sucedido.

No significa que un pez esté apoyado contra una roca recordando con nostalgia aquel verano inolvidable. Significa algo más modesto y científicamente más interesante: algunas memorias de peces pueden integrar diferentes piezas de información sobre sucesos previos en lugar de limitarse a una reacción que desaparece segundos después.

Cada experimento añade una grieta más al tópico, y a estas alturas la pecera empieza a tener bastantes.

Entonces, ¿tienes peor memoria que un pez?

Aquí conviene detenernos antes de que un buen titular arruine un artículo razonable. No podemos afirmar científicamente que los peces tengan mejor memoria que los humanos.

La memoria no es una magnitud única comparable como la altura o el peso. Existen diferentes sistemas de memoria, diferentes tareas y diferentes adaptaciones. Una persona y un pez no necesitan recordar las mismas cosas para sobrevivir.

Por eso el título contiene deliberadamente una pequeña provocación.

¿Tiene un pez mejor memoria que una persona en términos generales? Esa comparación no puede hacerse con estos experimentos. ¿Existen tareas concretas en las que un pez conserva información muchísimo más tiempo de lo que sugiere su reputación popular? Eso sí está documentado.

La evolución no necesita que un pez recuerde la contraseña del wifi. Necesita que localice alimento, identifique amenazas, reconozca lugares, aprenda estrategias útiles y adapte su comportamiento a experiencias anteriores.

Para algunas de esas cosas está considerablemente mejor equipado de lo que nuestro lenguaje cotidiano le reconoce.

El pez merece una disculpa

Durante años hemos usado “memoria de pez” para describir a alguien incapaz de recordar lo ocurrido hace cinco minutos. Después de mirar los experimentos, probablemente deberíamos buscar otra metáfora.

El resultado más llamativo de nuestro recorrido es difícil de olvidar: frente a los tres segundos del mito, existen observaciones realizadas casi once meses después de una experiencia previa. Cuando convertimos esa ventana temporal a la misma unidad, estamos hablando de una escala aproximadamente 9,6 millones de veces mayor.

Eso no convierte al pez en campeón mundial de memoria, pero sí convierte los famosos tres segundos en una referencia prácticamente indefendible como descripción científica.

Conclusión


Así que la próxima vez que entres en una habitación y no recuerdes qué habías ido a buscar, evita culpar a los peces.

Ellos ya tienen bastante con acordarse de nosotros.